martes, 19 de mayo de 2009

Recordando a una amiga

"Entonces, ¿tú también eres lunático?", me preguntó.



Tenía el salpicadero de su coche lleno de conchas y estrellas de mar aquel día que me acercó a la estación de autobuses; los asientos estaban desteñidos como viejas sillas de playa. Había un ambiente festivo y veraniego y reímos cuando se saltó la línea contínua. Allí sentado podía respirar la arena y la sal.


Combinaba la salsa con la energía positiva, la meditación con las cervezas. Reía, reíamos con sus bromas. Siempre reíamos. Todavía creo verla en pasos de cebra, en aceras, en la barra de un bar.


Intento recordarla y sus imágenes me hacían ver que era de otra época, de ese mundo que ya no existe pero que siempre retorna en las noches de insomnio.


¿Qué necesidad hay de volver ahora a estos recuerdos? ¿Masoquismo? No, simplemente necesito archivar estos recuerdos antes de que se borren.


"Entonces, ¿tú también eres lunático?".

jueves, 7 de mayo de 2009


martes, 5 de mayo de 2009

"No tenía muchos amigos pero hay suficientes películas raras por ahí...".
(Tim Burton)

viernes, 3 de abril de 2009

el paseo

Bueno, a eso se reducen mis experiencias, a pequeños paseos alrededor del barrio. Hoy la cosa empezó bien. Una pequeña charla sobre las extravagancias light, golden y rubio de las diferentes marcas de tabaco con unos camareros me hizo volver a calibrar las antenas. Siempre que eso pasa, cuando se activa esa parte, hago como el que pone las conversaciones en un plato. Entonces me dispongo a sacar mis cubiertos del bolsillo y a extraer de ese filete algo que me quite el hambre. Así, separo de ese conglomerado de frases hechas los coqueteos con la camarera, los diferentes monosílabos del personaje cascado de al lado, y las palabras sin dientes de viejos, muy viejos que contemplaban su reflejo en la barra de cinc. A veces disfruto con las partes más hechas; otras, con las más crudas, depende del día.
Tras haberme llevado a la boca algunos bocados deliciosos, salgo de mejor ánimo a la calle y el escorzo de dos monjas encorvadas sobre un bebé hace que me entren arcadas. Su madre, inconsciente, ofrecía la pieza, muy orgullosa.
Se acabó el buen rollo.
Con este mal sabor de boca, sigo adelante, no sé cómo. Perdida otra vez la fe, unos pasos adelante, descubro feliz que una mirada enmarcada por un lápiz de ojos muy negro me hace contener el aliento. Me vengo arriba y veo cómo la mirada flota del modo que flotan los faros de los coches en las fotos de larga exposición. Marcando un trayecto; arrastrando tus barcos contra las rocas.
Definitivamente, el paseo me ha quitado el hambre.

miércoles, 1 de abril de 2009